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Propósito Enero 2025

La empresa que vendía amor
y tomaba decisiones desde el miedo.

Entré a una organización y sentí que algo estaba profundamente mal — sin poder explicar qué. El problema no estaba en la estrategia. Estaba en la fuente.

Entré a una organización y sentí que algo estaba profundamente mal — sin poder explicar qué. Era una empresa pequeña. Vendía cosas que en teoría deberían irradiar vida. El equipo era capaz. El propósito era genuino. Los números no eran el problema. Y sin embargo, algo no cerraba.

Pasé las primeras horas escuchando. No pregunté por la estrategia ni por el mercado. Pregunté por cómo se tomaban las decisiones cuando había presión. Por qué se habían ido las últimas tres personas del equipo. Por qué el fundador llevaba dos años sin dormir bien.

El problema no estaba en la estrategia ni en los procesos. Estaba en la fuente desde donde operaba todo.

Lo que encontré no tenía nombre todavía. Pero tenía una forma muy clara: una organización que hacia afuera vendía amor, conexión y propósito — y que hacia adentro tomaba cada decisión desde el miedo. Miedo a perder clientes. Miedo a decepcionar. Miedo a no ser suficiente.

Lo que el mercado no puede ver

El problema con el miedo como motor de decisiones no es que sea ineficiente — aunque lo es. El problema es que genera una incoherencia estructural que lo corrompe todo desde adentro. La propuesta de valor decía una cosa. La cultura vivía otra. Y esa brecha, invisible desde afuera, era perfectamente perceptible para el equipo, para los clientes más cercanos y para el propio fundador.

Nadie lo había nombrado así. Pero todos lo sentían. Y cuando algo así se instala sin nombre, sin diagnóstico, sin reconocimiento — se convierte en la nueva normalidad. El desgaste se vuelve parte del paisaje. La tensión se normaliza. Y el crecimiento, si llega, amplifica la incoherencia en lugar de resolverla.

La pregunta que nadie se había hecho

Después de algunas horas, le hice al fundador una pregunta simple: ¿Desde dónde decides cuando algo importa de verdad?

Hubo un silencio largo. No el silencio de quien no sabe — sino el de quien sabe pero no ha podido decirlo en voz alta hasta ahora.

"Desde el miedo a que se vaya", dijo finalmente. "Siempre desde el miedo a que algo se rompa."

Eso fue el diagnóstico. No la solución — el diagnóstico. Porque antes de construir cualquier estrategia, cualquier plan de crecimiento, cualquier ajuste de marca, necesitaba entender desde dónde operaba realmente esta iniciativa. Y la respuesta no estaba en el brief ni en los números. Estaba ahí, en esa frase.

Antes de cualquier estrategia: ¿desde dónde decides cuando algo importa de verdad?

Lo que cambió — y lo que no

El trabajo que siguió no fue de marca ni de posicionamiento. Fue de núcleo. De entender qué sostenía genuinamente a esa iniciativa — más allá del miedo, más allá de la urgencia. Y de construir desde ahí hacia afuera, en lugar de desde el mercado hacia adentro.

No todo cambió de golpe. El miedo no desaparece por decreto. Pero algo se nombró. Y cuando algo se nombra con precisión — cuando deja de ser una sensación difusa y se convierte en un diagnóstico claro — el trabajo real puede empezar.

Esa empresa todavía existe. Opera diferente. No porque cambió su propuesta de valor ni su identidad visual. Sino porque el fundador aprendió a reconocer desde dónde estaba decidiendo — y a elegir conscientemente decidir desde otro lugar.

JB
Juan Bernardo Puentes
Fundador · Oreka Consultores · Enero 2025